Un soplo de viento entró por la ventana uniéndose con el de su suspiro. El sol proyectaba una sombra perfecta sobre la alfombra. Desde ese rincón recostada en el suelo, justo debajo de la ventana, el cielo parecía finito en su recuadro. Estirando los brazos en el aire, jugaba a contenerlo entre sus manos. Así mataba el tiempo, en ese juego perverso de tratar de poseer el cielo, pero no perdía las esperanzas. Una vez lo sintió especialmente cerca, camuflado en la sonrisa de un niño cabeza de nube. Pero las nubes juegan a ser cielo cuando no lo son, recelosas e infantiles, intrusas en su atmósfera intocable, inflándose egoístas si alguien parece admirarlas, lloviendo a destiempo palabras que al final siempre se evaporan. Sí, definitivamente no quería volver a escuchar salpicar su serenidad con excusas de algodón inconsistente. Por suerte el tiempo y el viento saben hacerlas deshilachar y reconocer su condición siempre efímera. Porque siempre hay cielo más allá de una historia gris y bien dicen que quien quiere celeste que le cueste, en especial uno que la entienda y la acompañe a pesar de sus propias tormentas, con vientos que disuelvan los temporales sólo para ponerse en sus zapatos, y rayos de sol para abrazarla siempre por las dudas, además de un puñado de estrellas que sepan bajar la persiana cuando la Luna tenga ganas de espiar a la hora del amor.
Ya no más dejarse influenciar por un deber ser siempre incorrecto, si al final en el amor no hay reglas. Un peut-être desde adentro la llanaba de esperanza porque hoy estaba de estreno.
Los perdidos que nunca dejan de buscarse, siempre vuelven a encontrarse.
3.
. ¿Y la volví a ver?
. Sí, en la cara de todas.
. ¿Pero en realidad la estaba viendo?
. No, sólo veía lo que quería ver, y yo sólo quería volver a verla.
. Flor de pollerudo resultaste ser.
. Y todo por un simple beso...
. ..Que tranquilamente puede perderte con ese algo instantáneo que también tienen las miradas y el adiós.
. Sí, en la cara de todas.
. ¿Pero en realidad la estaba viendo?
. No, sólo veía lo que quería ver, y yo sólo quería volver a verla.
. Flor de pollerudo resultaste ser.
. Y todo por un simple beso...
. ..Que tranquilamente puede perderte con ese algo instantáneo que también tienen las miradas y el adiós.
2.
Te subiste en un bondi cualquiera. El humo, la calle, el gris, la gente. Gentío, gentuza, toda la humanidad se subió con vos en el maldito colectivo, ese que no sabes adónde te lleva ni dónde ibas, pero te dejaba "más o menos cerca" eso te dijo el viejo (boletero mugriento). El bondi no deja de pasiarte, pero te das cuenta de una cosa, sí una cosa maravillosa de color gris ciudad, la luz de neón te enceguece mientras tratás de leer el cartel de esa calle cualquiera, y la buscas en la Guía "T" (aunque nunca supiste guiarTE una merd) : sos muy chiquito. La city es un monstruo fantabuloso, la gente una plaga inminente, el asfalto un asco. Para qué decirte que te sentiste tan poca cosa y no te encontrabas ni siquiera en el dichoso mapita hoja 40, para qué enfatizar tu realidad pegajosa entre los cuerpos cansados volviendo del trabajo. Por un segundo te olvidaste del barrio y de la calle, del país, del planeta, del mundo... En el universo entero S.O.S. chiquitísima.
Bajando el bondi, por milésima vez en el día, se topó con sus ojos. No eran los suyos, no eran los mismos, eran otros, pero la hicieron recordarlo. Tal vez no estuviera tan sóla después de todo.
También los chiquitos pueden encontrarse.
Bajando el bondi, por milésima vez en el día, se topó con sus ojos. No eran los suyos, no eran los mismos, eran otros, pero la hicieron recordarlo. Tal vez no estuviera tan sóla después de todo.
También los chiquitos pueden encontrarse.
1.
Música de calecita. El viento frío le pegaba en la cara sin piedad. La estación con su andén y los fierros. La gente esperando con cara de sueño. Las hojas de los árboles patinando en el suelo. Los nenes con sus guardapolvos. El jacarandá, no era violáceo, eso era en primavera. El asfalto gris y los coches apurados con sus bocinas. Quería sacar las manos para tantear en el fondo de la mochila el encendedor y prenderse un cigarrillo. El frío le impedía mover las manos de su rincón del bolsillo. Un perro cruzaba la calle sin mirar y el taxi negri-sol lo esquibaba al grito de "Perro pelotu...!". Las hamacas sin pintar de la plaza, un poco más allá de todo, solitarias. Un vecino maloliento, tuvo que saludarlo. Tenía las manos realmente entumecidas, podría haberse puesto de mal humor esa mañana porque estaba llegando tarde. No dejaba de pensar en ella, sonreía.
Sos gris en un sueño,
tu piel, sabor nomeacuerdo,
tus ojos, color delolvido,
tu sonrisa, ese extraño dejavú.
Mariposas en la panza, cuando alguien supo encontrarte.
Sos gris en un sueño,
tu piel, sabor nomeacuerdo,
tus ojos, color delolvido,
tu sonrisa, ese extraño dejavú.
Mariposas en la panza, cuando alguien supo encontrarte.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)