- ¿Sabés una cosa?
- ¿Qué cosa?
- ¡¡ Maravillosa!!... (risas)
- ¿De qué color?
- No bobo! (más risas) Dejame que te cuente, en serio...
- A ver, a ver, decime...
- Que cuando pienso en vos, te imagino como una casa.
- ¡¿ Como una casa?!
- Sí, una casa, cómo un lugar adónde llegar, después del bondi y del laburo, de la gente en la calle, no sé... De todas esas cosas, ¿entendés?
- Más o menos, pero igual me gusta lo que decís.
- Como que sos mi refugio (sonrojada) o algo así...
- ¿Sabés una cosa, de color cremita y maravillosa?
- ¿Qué?
- Sos hermosa.
Cada día me es más fácil extrañarte. Cierro los ojos y te veo en cada rincón de mi refugio. Ya te clavaste como portarretrato en las paredes, alfombra en las entradas, toallas en el baño. Sos todo lo mundano cobrando vida alrededor mío, y me pregunto cómo fue que te dejé entrar. Sospecho que tu esencia está hecha de algo muy parecido al viento. En mi imaginación fue así, pateaste mi puerta y ya, soplando de a poco, me volaste la cabeza. Ahora tengo un montón de efímeros recuerdos planeando sobre mis hombros, sin saber cuáles existieron realmente, y me pregunto cómo fue que te dejé quedar. Creo que te soñaba antes de conocerte, y así me fui acostumbrando al suspirar de tus latidos aún mucho antes de escucharlos.
- ¿Sabías otra cosa?
- ¿También maravillosa?
- Sí, pero de color arcoiris, rayado y colorinche.
- A ver, contame.
- Soy feliz.
Conversaciones entre risas y carcajadas cuando las almas hablan el mismo idioma.
5.
- Nubecita deshilachada, ¿dejaste de llover ya?
- Sí mi querido marciano, pero ¿yo podré llegar a Marte algún día?
- Cómo no, si es lo que más quiero desde que te conocí, hacerte conocer mi mundo... No dejé de pensar en vos, lo juro.
- Pero yo digo a vivir, ¿se puede?
- Sólo si me dejás convertirte en mi tesoro.
- Pero tenés que saber que yo nunca voy a dejar de ser libre, y además nadie pudo todavía condensarme. Por lo tanto siempre sigo siendo esto parecido al humo, ¿ves? Y me voy volando si me soplan mucho...
- Yo no te soplaría más que para disipar tus lágrimas, lo juro.
- No jures en vano, pequeño extraterrestre.
- Sí, lo juro por mí y mi corazón deshidratado, que sólo desea la lluvia de tus labios, querida nube.
- Pero me prometí no volver a creer en hombres.
- Pero yo no soy hombre, soy marciano.
Un alo verde azulado y la magia de sus besos afrancesados lo idiotizaron. Hoy es ella, hoy y para siempre ella, la dama celeste en sus sueños, la que estira las sábanas después de amar.
Un destello imantado en su mirada, el naranja en su andar y la certeza en la piel de corresponderle. Desde hoy ya no será él, será éste otro, el caballero que la rescate de su alcoba, el de las serenatas a los pies de su ventana, el que le ormiguellee las entrañas.
- Nunca te dejaré ir.
- Prometélo.
- Lo prometo, pero vos entonces ¿en dónde estás?
- Yo estoy con vos, si vos estás conmigo.
¿Cómo pueden dos corazones rotos llegar a ser uno al encastrarse (perfectamente) sus astillas? Cada día se lo preguntan sin cansarse de comprobar cómo se complementan mientras se besan.
-Te amo.
- Los sospeché desde un principio, sí...
- Creo que ya no puedo dejarte nunca más... ¿Puedo soplarte las penas ahora?
- Cómo no.
- Pero, si lo hago, ¿no vas a volarte, no? No quiero que te vayas, no es eso lo que quiero.
- No, creo que al fin me convertí en agua. Soplá... ¿Ves? Ya no estoy más hecha de humo.
- ¿Eso significa que ya no podés volar?
- No... Pero no pongas esa cara, prefiero toda la vida quedarme así... Al lado tuyo.
- ¿Te dije que sos mi nube preferida? ¿Me dejás robarte ahora? Te prometo un recipiente del que nunca te vuelques, lo juro.
- Jajajaj más vale que te dejo... ¿Amor?
- ¿Qué?
- Yo también siento que te amo.
Las almas, esas cosas raras, que también pueden encontrarse y amar.
- Sí mi querido marciano, pero ¿yo podré llegar a Marte algún día?
- Cómo no, si es lo que más quiero desde que te conocí, hacerte conocer mi mundo... No dejé de pensar en vos, lo juro.
- Pero yo digo a vivir, ¿se puede?
- Sólo si me dejás convertirte en mi tesoro.
- Pero tenés que saber que yo nunca voy a dejar de ser libre, y además nadie pudo todavía condensarme. Por lo tanto siempre sigo siendo esto parecido al humo, ¿ves? Y me voy volando si me soplan mucho...
- Yo no te soplaría más que para disipar tus lágrimas, lo juro.
- No jures en vano, pequeño extraterrestre.
- Sí, lo juro por mí y mi corazón deshidratado, que sólo desea la lluvia de tus labios, querida nube.
- Pero me prometí no volver a creer en hombres.
- Pero yo no soy hombre, soy marciano.
Un alo verde azulado y la magia de sus besos afrancesados lo idiotizaron. Hoy es ella, hoy y para siempre ella, la dama celeste en sus sueños, la que estira las sábanas después de amar.
Un destello imantado en su mirada, el naranja en su andar y la certeza en la piel de corresponderle. Desde hoy ya no será él, será éste otro, el caballero que la rescate de su alcoba, el de las serenatas a los pies de su ventana, el que le ormiguellee las entrañas.
- Nunca te dejaré ir.
- Prometélo.
- Lo prometo, pero vos entonces ¿en dónde estás?
- Yo estoy con vos, si vos estás conmigo.
¿Cómo pueden dos corazones rotos llegar a ser uno al encastrarse (perfectamente) sus astillas? Cada día se lo preguntan sin cansarse de comprobar cómo se complementan mientras se besan.
-Te amo.
- Los sospeché desde un principio, sí...
- Creo que ya no puedo dejarte nunca más... ¿Puedo soplarte las penas ahora?
- Cómo no.
- Pero, si lo hago, ¿no vas a volarte, no? No quiero que te vayas, no es eso lo que quiero.
- No, creo que al fin me convertí en agua. Soplá... ¿Ves? Ya no estoy más hecha de humo.
- ¿Eso significa que ya no podés volar?
- No... Pero no pongas esa cara, prefiero toda la vida quedarme así... Al lado tuyo.
- ¿Te dije que sos mi nube preferida? ¿Me dejás robarte ahora? Te prometo un recipiente del que nunca te vuelques, lo juro.
- Jajajaj más vale que te dejo... ¿Amor?
- ¿Qué?
- Yo también siento que te amo.
Las almas, esas cosas raras, que también pueden encontrarse y amar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)