- Nubecita deshilachada, ¿dejaste de llover ya?
- Sí mi querido marciano, pero ¿yo podré llegar a Marte algún día?
- Cómo no, si es lo que más quiero desde que te conocí, hacerte conocer mi mundo... No dejé de pensar en vos, lo juro.
- Pero yo digo a vivir, ¿se puede?
- Sólo si me dejás convertirte en mi tesoro.
- Pero tenés que saber que yo nunca voy a dejar de ser libre, y además nadie pudo todavía condensarme. Por lo tanto siempre sigo siendo esto parecido al humo, ¿ves? Y me voy volando si me soplan mucho...
- Yo no te soplaría más que para disipar tus lágrimas, lo juro.
- No jures en vano, pequeño extraterrestre.
- Sí, lo juro por mí y mi corazón deshidratado, que sólo desea la lluvia de tus labios, querida nube.
- Pero me prometí no volver a creer en hombres.
- Pero yo no soy hombre, soy marciano.
Un alo verde azulado y la magia de sus besos afrancesados lo idiotizaron. Hoy es ella, hoy y para siempre ella, la dama celeste en sus sueños, la que estira las sábanas después de amar.
Un destello imantado en su mirada, el naranja en su andar y la certeza en la piel de corresponderle. Desde hoy ya no será él, será éste otro, el caballero que la rescate de su alcoba, el de las serenatas a los pies de su ventana, el que le ormiguellee las entrañas.
- Nunca te dejaré ir.
- Prometélo.
- Lo prometo, pero vos entonces ¿en dónde estás?
- Yo estoy con vos, si vos estás conmigo.
¿Cómo pueden dos corazones rotos llegar a ser uno al encastrarse (perfectamente) sus astillas? Cada día se lo preguntan sin cansarse de comprobar cómo se complementan mientras se besan.
-Te amo.
- Los sospeché desde un principio, sí...
- Creo que ya no puedo dejarte nunca más... ¿Puedo soplarte las penas ahora?
- Cómo no.
- Pero, si lo hago, ¿no vas a volarte, no? No quiero que te vayas, no es eso lo que quiero.
- No, creo que al fin me convertí en agua. Soplá... ¿Ves? Ya no estoy más hecha de humo.
- ¿Eso significa que ya no podés volar?
- No... Pero no pongas esa cara, prefiero toda la vida quedarme así... Al lado tuyo.
- ¿Te dije que sos mi nube preferida? ¿Me dejás robarte ahora? Te prometo un recipiente del que nunca te vuelques, lo juro.
- Jajajaj más vale que te dejo... ¿Amor?
- ¿Qué?
- Yo también siento que te amo.
Las almas, esas cosas raras, que también pueden encontrarse y amar.