- ¿Sabés una cosa?
- ¿Qué cosa?
- ¡¡ Maravillosa!!... (risas)
- ¿De qué color?
- No bobo! (más risas) Dejame que te cuente, en serio...
- A ver, a ver, decime...
- Que cuando pienso en vos, te imagino como una casa.
- ¡¿ Como una casa?!
- Sí, una casa, cómo un lugar adónde llegar, después del bondi y del laburo, de la gente en la calle, no sé... De todas esas cosas, ¿entendés?
- Más o menos, pero igual me gusta lo que decís.
- Como que sos mi refugio (sonrojada) o algo así...
- ¿Sabés una cosa, de color cremita y maravillosa?
- ¿Qué?
- Sos hermosa.
Cada día me es más fácil extrañarte. Cierro los ojos y te veo en cada rincón de mi refugio. Ya te clavaste como portarretrato en las paredes, alfombra en las entradas, toallas en el baño. Sos todo lo mundano cobrando vida alrededor mío, y me pregunto cómo fue que te dejé entrar. Sospecho que tu esencia está hecha de algo muy parecido al viento. En mi imaginación fue así, pateaste mi puerta y ya, soplando de a poco, me volaste la cabeza. Ahora tengo un montón de efímeros recuerdos planeando sobre mis hombros, sin saber cuáles existieron realmente, y me pregunto cómo fue que te dejé quedar. Creo que te soñaba antes de conocerte, y así me fui acostumbrando al suspirar de tus latidos aún mucho antes de escucharlos.
- ¿Sabías otra cosa?
- ¿También maravillosa?
- Sí, pero de color arcoiris, rayado y colorinche.
- A ver, contame.
- Soy feliz.
Conversaciones entre risas y carcajadas cuando las almas hablan el mismo idioma.